El interregionalismo América Latina–MENA en un mundo multipolar: Autonomía, diversificación y el paradigma de la CELAC مميز

الجمعة, 08 أيار 2026 15:19

Boric va a la "Cumbre de las Américas"

 

Alberto Maresca  |  Universidad de Gante & UNU-CRIS 

 

Durante la mayor parte del siglo XX, la política exterior latinoamericana fue analizada casi exclusivamente a través del prisma de su relación con Washington. La región era concebida como el patio trasero estratégico de los Estados Unidos, sus vectores externos constreñidos por la lógica de la Doctrina Monroe y, durante la Guerra Fría, por los imperativos del anticomunismo. Las relaciones con Oriente Medio y el Norte de África permanecían periféricas, episódicas y, en gran medida, subordinadas a las preferencias estadounidenses

 

Dos transformaciones estructurales han alterado esta ecuación. En primer lugar, la emergencia de un orden internacional multipolar —acelerada por la invasión de Irak en 2003, la crisis financiera global de 2008 y el ascenso de los BRICS— ha creado nuevos márgenes de maniobra para los actores del Sur Global. En segundo lugar, el regreso de una Doctrina Monroe musculosa bajo la administración Trump, incluida la operación militar del 3 de enero de 2026 que depuso al presidente venezolano Nicolás Maduro, ha intensificado la urgencia de la diversificación de la política exterior en toda la región. La respuesta no ha sido pasiva: los gobiernos de América Latina y el Caribe (ALC) han acelerado el compromiso Sur-Sur con África, Asia y, en particular, la región de Oriente Medio y África del Norte (MENA) como estrategia estructural para reducir la dependencia de una Casa Blanca volátil. Dicha estrategia se inserta en el marco de la autonomía en las Relaciones Internacionales

 

El concepto de autonomía es central en la teoría latinoamericana de las Relaciones Internacionales. Articulado por académicos como Hélio Jaguaribe, Juan Carlos Puig y Celso Amorim, la autonomía refiere a la capacidad de un Estado periférico de actuar en el sistema internacional sin sucumbir a la coerción externa. En el contexto multipolar actual, la autonomía se entiende mejor a través de la diversificación: la expansión proactiva de las relaciones diplomáticas, comerciales y políticas hacia múltiples regiones y socios, en lugar de la dependencia de un único hegemón. El interregionalismo ALC-MENA ha operado históricamente a través de cumbres bi-regionales —especialmente el proceso ASPA inaugurado en Brasilia en 2005— así como a través de la diplomacia presidencial bilateral, acuerdos comerciales y solidaridad retórica en torno a causas compartidas como la autodeterminación palestina y la soberanía de Marruecos sobre su territorio

 

Las Cumbres de la CELAC de 2026 marcan un cambio cualitativo en la dinámica de la integración regional. En un solo año, la CELAC ha convocado reuniones de alto nivel con China, la Unión Europea y la Unión Africana, demostrando un perfil externo creciente que contrasta con la persistente polarización interna del bloque. La Declaración de Bogotá revela una línea de fractura estructural: Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Trinidad y Tobago formularon reservas en varios párrafos, señalando una preferencia por el alineamiento con la administración Trump por encima de la solidaridad regional. Por el contrario, bajo el liderazgo de los presidentes Lula y Petro, la CELAC se ha convertido efectivamente en una plataforma multilateral alternativa a los mecanismos hemisféricos liderados por Washington, funcionando como una arena ideológica para la izquierda latinoamericana y caribeña

 

La relación entre América Latina y el Caribe y la región MENA ha entrado en una nueva fase, definida menos por la solidaridad ideológica y más por el pragmatismo estratégico en un mundo multipolar. El revival de la Doctrina Monroe por parte de la administración Trump no ha empujado a los gobiernos latinoamericanos hacia la sumisión; ha acelerado su diversificación. El activismo externo creciente de la CELAC, la emergencia de los Estados del Golfo como inversores en infraestructura y la resiliencia de los vínculos venezolanos, cubanos y colombianos con actores MENA apuntan todos a una profundización estructural de las relaciones interregionales

 

El marco teórico de la autonomía multipolar provee el lente analítico más adecuado para comprender esta dinámica. Captura el rol constitutivo del liderazgo político y la ideología sin reducir la política exterior a las condiciones materiales, y sitúa el interregionalismo ALC-MENA dentro de la transformación más amplia de un orden mundial que ya no se organiza en torno a la hegemonía occidental. Para los responsables de política en ambas regiones, el momento actual abre una ventana de oportunidad: la infraestructura institucional existe en forma embrionaria. Lo que se requiere es la voluntad política de transformar cumbres episódicas y acuerdos bilaterales en una arquitectura interregional duradera

 08/05/2026

 

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